De nuevo, estaba cayendo en su estúpido juego. Un juego macabro que no nos llevaba a ninguna parte. Bueno sí....A la cama.
Lo habíamos hablado y creí que dejamos claro que no éramos buenos el uno para el otro, ambos buscábamos cosas diferentes, teníamos metas opuestas y tarde o temprano nuestros caminos se bifurcarían para siempre, por mucho que se empeñara él en creer que no era así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario