Hoy he vuelto allí. A la 631.
No he llegado ni a asomarme. Nada más entrar al edificio un escalofrío ha invadido todo mi cuerpo, desde mis deditos de los pies hasta el último pelo de mi cabeza.
La piel de gallina, el corazón a cachitos. Por un instante creí que había dejado de latir.
Recuerdo mi estancia en aquella habitación. Dormía en el suelo, pasaba frío y tenía que fingir que todo iba bien. Recuerdo mentirte.
Todavía me falta el aire cuando mi mente se va a las 12:05 de aquel 19 de noviembre, cuando tuve que desconectarte. Mi corazón se para a las 12:15, para ir al compás del tuyo. (A veces me cuesta reactivarlo...)
Y oculto toda esta mierda bajo una máscara con una gran sonrisa, no puedo permitirme el lujo de llorar.
Me tragaré las lágrimas y seguiré caminando.
2 comentarios:
Un texto delicado. Qué difícil resulta decir adiós de manera definitiva, al menos a mi me resulta muy difícil, y no puedo ni imaginarme tener que tomar una decisión como la que describes. Seguramente también se me hubiese encogido el corazón.
Solo deseo que poco a poco lo vayas reactivando, que encuentres maneras de hacerlo. Una gran sonrisa es un buen principio, pero no como escondite, una sincera (la otra no te vale). Y si apetece llorar, llora, aunque sea escondido.
Con lo poco que me gusta dar consejos, y aquí estoy que parezco mi abuela! Bueno, no son consejos, son comentarios... no sé, al leer el texto he sentido la necesidad de comentar algo.
Me estoy liando, así que te dejo hasta otra visita.
Besos
Gracias Aka.
Las despedidas siempre son amargas, pero más aun si son para siempre. Es un dolor que nunca desaparecerá.
Intento reactivarlo, el blog me ayuda a sacar todos esos sentimientos que llevo dentro y que nadie sabe que están ahí debido a mi máscara, y a veces mostrarme así de frágil me ayuda a seguir hacia delante.
Una gran sonrisa es la que tengo cuando veo que una personita como tú lee todas las parrafadas que suelto por aquí.
Un besito muy grande.
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